CAÑADA SECA: NOTA DE OPINION

Un hogar que es HOGAR

¿Qué pasa en el mundo actual cuando llegamos a ancianos? ¿Cuál es la respuesta que da la sociedad a las personas que atraviesan la vejez, o “tercera edad” como elegantemente a veces queremos calificar a esa etapa de la vida?

¿Qué pasa en el mundo actual cuando llegamos a ancianos? ¿Cuál es la respuesta que da la sociedad a las personas que atraviesan la vejez, o “tercera edad” como elegantemente a veces queremos calificar a esa etapa de la vida? A un mes de la partida de mi padre, creí conveniente reflexionar y compartir el tema, y sobre todo reconocer las buenas cosas que los pueblos (y particularmente Cañada Seca) conservamos.

A diferencia de las grandes ciudades, en los pueblos existe un trato mas personal, dedicado y humano, con un enfoque pensado en el bienestar de la persona y no solo en una residencia que alberga ancianos.

Muchas veces se califica a los geriátricos o “asilos” como depósitos de personas en donde hijos desalmados abandonan a sus mayores. Puede que existan situaciones, pero en la mayoría de los casos cuando se deja a un familiar en un lugar de residencia es porque se han agotado las demás opciones y se considera a ésta la mejor para su bienestar.

Y me detengo en el caso del Hogar de Cañada porque es el que conozco, y por cosas de la vida (y la muerte) un poco desde adentro. Cuando decidimos llevar a mi padre al Hogar lo hicimos con muchas dudas, con culpas y temores. De a poco fui entrando en la intimidad del lugar; con respeto fui conociendo a cada uno de sus integrantes: La administración, el personal y los abuelos, algunos de ellos viejos conocidos del pueblo, otros no. Fueron meses de visitar y compartir momentos, mateadas, charlas, cumpleaños y la lucha diaria que ahí se libra, porque no es todo color de rosa. La vejez nos vuelve difíciles. Volvemos a ser niños, y como niños las emociones y reacciones son intensas. Hay alegrías y tristezas que se potencian. Conviven personas con distintos problemas, limitaciones y caracteres. “Es bravo” diría mi viejo.

Para trabajar con ancianos, al igual que los que trabajan con niños, se necesita vocación. La vocación hace que cosas imposibles se hagan realidad, y que encima parezca fácil. Las personas que ahí trabajan tienen vocación de sobra, pero además tienen un plus: son buena gente. Lo entendés en los pequeños gestos, que son los que hacen las grandes diferencias: Una palmada cómplice que saca una sonrisa, un chiste que los hace explotar en carcajadas, un baile ridículo para levantar el ánimo o una caricia oportuna para terminar una discusión son los ejemplos.

Cierta vez ví a una abuela en su sillón renegando, vaya a saber con qué amargo pensamiento en su “mundo”. Se la veía enojada, triste. Una de las chicas (no haré nombres) se sentó al lado y simplemente le apoyó su cabeza en el hombro. A esa abuela enojada se le iluminaron los ojos y su repertorio de quejas se convirtió en recuerdos placenteros de la juventud. Treinta segundos para cambiar el rollo. Tan fácil para unos, tan imposible para otros, me incluyo.

Así día a día: Una cita con un abuelo para “salir a bailar el sábado”, un viaje de vacaciones con la otra, promesas de asados y los mas locos disparates hacen que los días -largos días- sean más llevaderos, que los dolores duelan menos y se endulcen las amarguras…

La Administración y el trabajo diario es otro tema ¡Cuánto trabajo! Limpieza, cocina, higiene de los abuelos, medicaciones, lavado de ropa, compras… Es un ciclo que nunca se corta y se renueva cada día. Además de estar atentos a la salud de cada uno y ante la menor duda interviene el personal de enfermería con la misma buena onda y calidad humana.

En nuestro caso, cuando la situación pasó a ser terminal y ya no quedaban esperanzas, la contención y atenciones que recibimos fueron increíbles. De la experiencia terrible que es perder a un ser querido, me quedo con el recuerdo de esos días que pasé rodeado de buenas personas que me brindaron todo lo que necesité, fundamentalmente apoyo. Mi padre se fue rodeado de amor, cuidado por “esas chinitas” (así las llamaba cuando hablábamos) que pasaron a ser también su familia.

Es verdad que en temas de salud nunca es suficiente, y en los pueblos tenemos carencias fundamentales para solucionar y hay que trabajar para eso. Pero también hay fortalezas -no siempre valoradas- y el CAPS y Hogar de Ancianos es una de las que hay para destacar y defender desde la comunidad organizada.

Aprovecho para desear a cada uno de los integrantes del equipo: Comisión Cooperadora, Doctora, Enfermeras y personal del hogar unas muy felices fiestas y un excelente 2025.

Y gracias, por hacer de ese lugar un verdadero HOGAR.