LITERATURA, EDUCACION Y SOCIEDAD

La palabra y "sus sombras"

Por la profesora Lilian Serrano

A menudo andamos por la vida “como un reloj a cuerda” o peor aún, “como un sistema a control remoto”, o “en piloto automático”.

Todas estas expresiones están vigentes (algunas más que otras), pero todas conducen a un significado similar: transitamos sin reparar ni preguntarnos sobre las cosas simples o mejor dicho, sobre los temas esenciales de la vida, por ejemplo: ¿qué nos sucedería sin “las palabras”?, ¿qué encierran “las palabras“?, ¿qué hay detrás de las palabras dichas y de las omitidas?

(Quizá pensamos en ellas cuando estamos ante una situación especial como por ejemplo, frente a un joven que no puede responder a preguntas del docente o del padre cuando quienes le cuestionan:”¿qué vas a seguir estudiando?” (Como si el sujeto tuviera un ordenador interior al que accionándole una función, lograra satisfacer de inmediato ¡semejante interpelación!)

Así comprobamos que todo lo que nos sucede no es ni sería sin la palabra, comenzando por las relaciones humanas.

Ahora bien, ¿qué vitalidad especial encierra “la palabra” en sí misma entonces?

Ella dice más allá de lo que dice, porque tiene sus dos medios de transmisión: diciendo (la “palabra en acto”) y callando (el silencio).     

En nuestro interior, hay compartimentos virtuales como el inconsciente, el “ello”, la “conciencia” y otros “habitantes”: pulsiones, representaciones de cosas, recuerdos, imágenes, sueños. La palabra nace desde allí, desde ese gran mundo interior.

El significado que cada uno damos al leer una palabra es el “vestido” con el que la palabra se nos presenta a cada receptor; eso también es imaginario, porque cada lector o escucha le otorga un significado propio, acorde a su realidad.

Por tal motivo, el sicoanálisis hace una suerte de “radiografía auditiva”: la escucha más allá de su significado literal.

Aquí, en un atrevimiento personal, trato de resumir varias páginas bien escritas por especialistas en el tema y hago mi modesta propuesta: leer y escuchar “las palabras” incluyendo “sus sombras”.

Las palabras conforman el activo de nuestro capital humano.

El encuentro de dos o más personas está mediado por la palabra, generalmente hablada. Las coordenadas que encuadran ese encuentro van desde el inconsciente, la transferencia, asociaciones personales, complejos (de Edipo-de castración), hasta la imaginación del efecto que puede causar ese contenido manifiesto  entre  individuos portadores de sus propios mundos.

Lo imaginado por el emisor, al ser escuchado por el receptor, remite a éste  a otras nuevas palabras no pronunciadas (las sombras).

En cada palabra está lo que se pronuncia: Logos: puede dirigirse a todos, es pública, mientras que hay una palabra íntima que brota del plano vivencial: el Mythos: no se puede expresar, se transforma en algo mudo: Pathos. Así, esta palabra para ser expresada se vuelve metáfora (se preserva y aparece a través de una representación simbólica).

El escritor argentino Jorge Luis Borges, en “Los Conjurados”, Alianza Editorial, Bs. As, 1985, pág. 11 dijo: “Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esa magia, el lenguaje, es asaz misterioso”.

Yendo a un ámbito más cotidiano y concreto, observamos que nuestras relaciones interpersonales se nutren con “el otro”; más aún, si a través de esa relación deseamos acompañar a nuestros pequeños y adolescentes, desde el rol que nos aborde (lo ideal es acompañarlos también en sus silencios).

Todo el tiempo “fértil” que podamos compartir con ellos nos facilitará el descubrimiento de ese halo de misterio, ese laberinto de palabras “dichas” o “no dichas” que resuenan y muchas veces advertimos que barrenan nuestra comunicación.

En ese “halo de misterio” será muy significativo prestar atención a algunos tópicos que nos pueden orientar como una brújula, hacia una posible interpretación: a) el lenguaje paralingüístico (gestual) que emplean; b) el vocabulario que utilizan y los vocablos que reiteran espontáneamente; c) la entonación de sus oraciones: armónicas, quebradas, inconclusas, etc. d)los intervalos de silencios: su prolongación y momento en que se producen; e)las palabras que se intentan omitir o reemplazar conscientemente; f) los personajes, las letras de canciones o videos que escogen para refugiarse en momentos de ocio; g) los ámbitos de expresión, facilitadores y obstáculos para el diálogo.                  (Los profesionales especializados en este ámbito podrán sumar detalladamente elementos válidos a esta enumeración).

No obstante, como haciendo un subrayado sobre “los silencios adolescentes” que pueden alarmar a padres, educadores e instituciones responsables de la formación de nuestros jóvenes, desearía remarcar que es importantísimo reparar en ellos, dar cuenta de que existen, pero no es conveniente obturarlos caprichosamente, ponerles interpretaciones antojadizas; esos “silencios”, íntimamente obedecen a un desborde, un torbellino de palabras que el sujeto no puede, no quiere o no necesita “decir”. Mientras tanto, ante el empecinamiento del entorno social o familiar de que se los decodifiquen (que se los traduzcan en palabras dichas), se producen en el sujeto que transita por ese tiempo de “silencio” una arbitrariedad, pues se coarta el espacio íntimo de reflexión.          

Dado que a partir de este momento soy yo quien se ha de llamar al silencio, quiero compartir un fragmento literario escrito por el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973):

“…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.

 Me prosterno ante ellas…

Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito.

Amo tanto las palabras…

Las inesperadas…Vocablos amados…brillan como piedras de colores, son espumas, hilo, metal, rocío.

Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema…                       

Las agarro al vuelo, las agito, las trituro, las liberto.

Todo está en la palabra.

                                                                               (“Las Palabras”, de “Confieso que he vivido”, Pablo Neruda).

Deseando haber abierto una ventanita a nuevas preguntas, les agradezco muy afectuosamente la posibilidad de compartir estas “palabras”.

                         Y en silencio… ¡los abrazo!  

 

Te puede interesar